JOSE A SANTOS – ARTE Y CULTURA

tocado por su apendice tallarinesco…tocado por Su apéndice tallarinesco

A.
Para obtener su carné de conducir Niko Alm entregó una foto en la que aparecía ataviado con un colador de pasta como sombrero. Dos años más tarde recogió su título – perfectamente validado – pese a lo extraño de su indumentaria. Según las leyes de Austria, su país, estaba mentalmente sano y su rostro era perfectamente identificable.

Lo de este joven austríaco no era un acción reivindicativa ni artística. Y si. El acto Niko Alm respondía a sus profundas convicciones religiosas. Y las creencias hay que respetarlas.

B.
En clase muchos niños levantan la mano y uno a uno van preguntando: ¿cabe toda la gente en el cielo? ¿vamos allá con la edad que morimos? ¿cuánto rato es la eternidad y qué se hace para pasar el tiempo? ¿qué tenía que iluminar Dios al crear la luz el primer día?…

La cara de la profesora de religión son dos ojos, una nariz y una boca apretada. Es difícil explicar a unos niños de 10 años que son parábolas, que no se preocupen que no tienen porqué entenderlo, que es cosa de fe. Y más cuando sabe que una hora más tarde le tocará dar Ciencies de la Natura a los mismos alumnos.

C.
En 2004 el Consejo de Educación del estado de Kansas decide que en clase de biología se dedique el mismo tiempo en explicar el diseño inteligente y la teoría de la evolución de las especies de Darwin: la razón es que el consejo considera que ambos planteamientos tienen la misma validez científica

Abrumado e iluminado por esa muy razonada idea que ahora se enseñará en sus colegios – que hay una mente que creó el universo porque el universo es muy complejo y necesitó si o si de una mente que lo preconcibiera y esa mente solo puede ser la de Dios – un tal Bobby Henderson se sienta frente su ordenador y escribe una carta abierta.

D.
Niko Alm – si, el mismo Niko Alm de la foto carné con escurridor de pasta en la cabeza descubrió el Pastafarismo en internet unos años antes de su performance. La viralidad del medio había hecho que alguien le pusiese nombre a la creencia en un ser divino formado por una masa de espaguettis con albondingas. Después de que alguien dijera que había una biblia con salmos a ese Dios de carbohidratos complejos y proteínas; un tercero colgara fotos y dibujos que le representaban; un cuarto dijera que un tenedor crucificado era un objeto sagrado; y que un quinto esto y lo otro… Pero siempre con humor. Siempre partiendo de la fundacional carta abierta escrita por un joven de 24 años que se llama Bobby Henderson y que dice que en las escuelas se tiene que explicar que hay sólo un Dios verdadero cuyo nombre es Flying Spaghetti Monster.

Muy poéticamente los pastafaris describen al ser creador supremo con tentáculos tallanirescos y con albondigas de carne. Y lo hacen con el mismo rigor científico con el que los creacionistas defienden su teoría del diseño divino. Por ejemplo, el pastafarismo explica que un problema como el del calentamiento global está profundamente relacionado con la desaparición de los piratas en el mundo. Un ejemplo claro está en Somalia, y en el elevado número de piratas que surcan sus costas por lo que el país africano es uno de los que menos emisiones de carbono libera a la atmósfera.

Es irrefutable…

…como que A + B + C + D = Monesvol (o Monstruo de Espagueti Volador)

Fin

27/12/2012

JOSE A SANTOS – ARTE Y CULTURA

kolhosp zombieUn bonito ‘No Land’ para el fin del mundo

Antes de fumarse un American Spirit, Serpiente Plissken ha tecleado el código universal – el 666 – y acabado con 500 años de tecnología. De un plumazo. Porque todo cambia para que todo siga igual y la humanidad a la que saluda el mercenario tuerto necesita escapar de su propia naturaleza estóica. Así es el final de 2013: rescate en L.A.

En un suburbio américano, un joven matrimonio sufrirá una crisis de pareja cuando en su casa se instale un amigo de él y antiguo amante de ella. Es la consecuencia doméstica del Armagedón desencadenado por Plissken al pulsar el botón que inutiliza todo aparato de la red eléctrica. Pero en cuestión de un par de días sin luz ni tarjetas de crédito, los civilizados protagonistas de El efecto dominó, descubren que son la raza humana y no unos ciudadanos educados. Lo que en el final de la película de John Carpenter parecía ser una llamada a la libertad del individuo; se convierte en una pesadilla social en la trama ideada por Koepp para su film: los tres protagonistas del film viajan por carreteras solitarias, robando gasolina y huyendo de la presencia de los otros. El punto de ruptura del efecto desencadenante que hace referencia el título original de la película (The Trigger Effect) será el encuentro en mitad de ninguna parte con el personaje interpretado por Michael Rooker

Años más tarde, Michael Rooker interpretará a un ser violento, egoísta y racista en la serie de TV The Walking Dead. Podría ser el mismo personaje que vimos enfrentarse a los asustados personajes de Koepp. Porque supongamos que el apocalipsis ha seguido su orden bíblico y la tierra está poblada de muertos vivientes. Entonces los supervivientes del holocausto tecnológico han aprendido a convivir con el miedo transformándolo en odio.

Al final el mensaje es que para sobrevivir a un holocausto zombie se ha de extirpar lo que resta de humanidad en nuestra conducta. Algo que, sin duda, resulta muy curioso si tenemos en cuenta que para acabar con la vida de un no muerto se le ha de destruir el cerebro, el órgano que nos confiere humanidad a los que sí estamos vivos. Como puede comprobar quien siga esta serie de HBO o lea los cómics en los que se basa, el odio hace que los pocos supervivientes se enfrenten y se eliminen entre sí olvidando que el problema a solucionar es qué hacer con la muerte que deambula caminante.

Si Plissken saludaba al hombre al principio de este texto; ahora nos encontramos con un planeta de zombis en el que los vivos se acabaran exterminado irremediablemente a sí mismos tarde o temprano ¿”Bienvenidos a la raza humana”!?Quizás si. Quizás lo que entendemos como ser humano es estar condenado a no salir de la rueda del eterno retorno. Quizás el superhombre sea el zombi. Entonces seguramente Serpiente Plissken se refería a ellos, a los no muertos, como la raza humana. Debe ser así. Por eso siempre que alguien se cruza con Plissken le comenta que le creía muerto.

JOSE A SANTOS – ARTE Y CULTURA

Bien mirado… todo encaja como un guante de seda forjado en hierro

no lees esto. Al menos no tu absoluto. En verdad, quien crees ser no es más que singularidad espacio temporal – una más de las infinitas posibilidades de materialización en uno de los infinitos universos paralelos en los que se puede representar eso que tú dices ser . Asúmelo, ¿vale? ¿Asumido? Bien. Entonces, abre la mente y que tu posibilidad de el Tú que lee Kolhosp continúe leyendo…

Estás en 1986, en la 4ª Avenida, en pleno Manhattan, ves al periodista y por aquel entonces presentador de las noticias de la CBS Dan Rather - un poco más joven, pero con sus buenos cincuenta y muchos – que camina decidido a su apartamento. Entonces alguien se cruza en su camino y le grita furioso “¿cuál es la frecuencia, Kenneth?”. Dan no sabe qué contestar cuando el desconocido ya le está zarandeando y golpeando fuera de sí, sin parar, al grito de ¿¡cuál es la frecuencia, Kenneth!?

A Dan se le queda cara de tonto. Dan cuenta la historia en televisión.

Un día un tipo llamado Clay entra en una sala X a ver una película underground titulada ‘Como un guante de seda forjado en hierro’ y cree reconocer en la protagonista a un antiguo amor. La búsqueda de la misteriosa mujer le lleva a conocer a un tipo con un chapucero trasplante de pelo que tiene un horrible y peludo perro sin orificios. Un chiflado que quiere saber cuál es la frecuencia Kenneth. Todo pasa en el universo de papel y tinta de un tebeo.

Otro día, tu Tú de 1994 escucha un disco de R.E.M. dedicado a Kurt Cobain. Su primer single es – oh, sorpresa – What’s the frequency, Kenneth? Dan se lo tomará con humor.

En ese momento deberías saber que en el año de 2265 la tierra está sometida a un régimen totalitario global. Y que el vicepresidente Kenneth Burrows es el hombre más poderoso del planeta: un tejano capaz de implantar transmisores en el cerebro de cualquier habitante de la Tierra con el que puede hablarle directamente y controlar sus movimientos.

Theron Montgomery tiene 33 años en 1994 cuando un tiro acaba con su vida justo en la puerta de los estudios NBC donde trabaja como técnico de televisión. El autor del disparo se llama William Tager, tiene 47 años, y ha viajado en el tiempo desde la segunda mitad del siglo XXIII, durante el mandato del vicepresidente planetario Burrows.

Volvamos a 1986. Un Tager desesperado corre por Avenue Park. Ha sido enviado al pasado por el mismísimo Kenneth Burrows. Se niega a volver a materializarse en 2265. Desea quedarse en los felices años 80 del siglo XX pero para ser libre necesita descubrir la frecuencia del transmisor que tiene implantado en la cabeza. A través de esas ondas le tienen localizado desde el futuro y le pueden obligar a volver. Ahora le emiten un tremendo pitido. Voces que le torturan y le provocan dolor. Agónico y furioso confunde a un Dan Rather que se cruza en su camino con Kenneth Burrows:

- Cuál es la frecuencia, Kenneth?

En 1962 el francés Chris Marker dirige La Jetèe y explica una historia muy parecida a la del viajero en el tiempo William Tager.

Y la historia se repite con Bruce Willis en 1995 haciendo de otro Tager en la película ’12 monos’ de Terry Gilliam.

Y todavía hay otro William Tager más; uno que nació en 1947, que cumplió 15 años de prisión por el asesinato de un técnico de televisión y que vive ahora en libertad condicional. Todos los Tager coexisten a la vez en sus propios universos: el mental y psiquiátrico; el literario propio de una novela de Philip K. Dick; el cinematográfico; el ideado por la cultura norteamericana 2.0; el musical e incluso el humorístico que ha convertido su pregunta en un macguffin pop. El Tager esquizofrénico es ajeno a todo este ‘pastiche postmoderno’ en el que los creadores no tienen una idea propia ni original, pero si una infinita capacidad para encontrar su propia y singular frecuencia Kenneth con la que comunicarse con uno u otro William Tager.

JOSE A SANTOS – ARTE Y CULTURA

‘Black Mirror’, la gran esperanza british para salvar la tele

Si hay un motivo por el cual merezca la pena encender la televisión es, sin duda, el de poder disfrutar de las distopías creadas por Charlie Brooker. Me refiero a la mini serie Black Mirror, esas tres obras maestras que bien podrían incluirse como temario de sociología o filosofía en la universidad; y lanzarse – porqué no – como arma arrojadiza directamente a la boca de muchos artistas que han querido acercarse a la pantalla doméstica y hablar de ella sin acabar de entender muy bien cómo funciona el botón standby del mando a distancia.

Black Mirror se estrenó a finales del pasado año en la televisión pública inglesa. Era una apuesta de Channel 4 de tan solo 3 capítulos de trama independiente y de una hora de duración. El único nexo común era la pantalla - de televisión, del ordenador, de los dispositivos móviles… - y su función como medio de de comunicación y de relación social.

‘The National Anthem’ la actualidad en 140 caracteres

En el primer capítulo ‘The National Anthem’, el secuestro de la princesa favorita del Reino Unido – la princesa del Facebook – y las surrealistas condiciones que para su rescate proponen sus secuestradores convierten la tragedia en un espectáculo mediático que implica al primer ministro, un cerdo y a millones de espectadores pendientes de todas las pantallas.

Muy diferente es ’15 Milions Merits’, el segundo capítulo de la serie, en el que se recrea un mundo futuro que vive por y para la televisión. Las viviendas son minúsculos habitáculos unipersonales formados por pantallas que, sí o sí, reproducen una y otra vez los mismos programas: un concurso similar a Factor X que te recuerda que puedes y debes ser famoso como objetivo vital; y un espectáculo pornográfico, un canal Playboy, que funciona como sedante crítico para la sociedad.

15 millones de puntos para levantarse cada mañana

El último capítulo – no escrito por Brooker – es quizás el más interesante: da un paso adelante respecto a los anteriores y muestra una sociedad futura que ha integrado la información de las pantallas directa y físicamente al inconsciente de sus habitantes. Si en ‘The National…’ se recreaba una situación extrema – pero factible hoy en día – en la que la población al completo vive absorta por lo que transmiten nuestras pantallas; y en ’15 Millions…’ la ficción televisiva condicionaba la vida diaria de los ciudadanos haciéndoles partícipes las 24 horas del día de sus contenidos; en ‘The entire history of you’ un chip nos permite grabar el 100% de nuestro día a día, rebobinar y reproducirlo en cualquier pantalla, compartirlo con amigos, e incluso copiarlo y entregarlo junto a nuestro currículum: una pesadilla Orwelliana que nos interroga directamente sobre qué es real y quién o qué somos nosotros mismos.

‘The entire history of you’, el hombre con Rayos X en los ojos del siglo XXI

Charlie Brooker es periodista, trabaja en ‘The Guardian’ como columnista cultural y escribe para la televisión. De su cabeza salió hace unos años otra interesante miniserie: Dead Set, que también nos quería hacer reflexionar sobre el papel que la televisión juega en nuestras vidas. Brooker nos presentaba un escenario en el que los únicos supervivientes al holocausto zombie eran los patéticos participantes del Gran Hermano televisivo que, desconocedores de la tragedia que se vive fuera de su reclusión voluntaria, siguen inútilmente mostrando sus miserias en pro de una – en este caso más que nunca – absurda fama mediática.

La publicidad para ‘The Guardian’: información digital y público en perfecta sincronía

Pero tras las ideas de Brooker está el dinero de Endemol: y este es un hecho que despertó las críticas más facilonas para ambas ficciones – Dead Set y Black Mirror. Porque para algunos resultó extraño que la productora holandesa no dudase en poner dinero para financiar dos sátiras que critican en su trama descarnadamente a dos engendros mediáticos de éxito internacional como son los concursos Factor X y Big Brother; ambos surgidos de la misma productora.

El planteamiento de estos absurdos conflictos económicos y su consecuente confusión con trascendentales dudas morales es más propio de gente de poca o nula capacidad crítica ¿Qué problema hay si Brooker habla – mal – de la televisión y lo hace desde dentro? Ninguno. ¿Acaso hay otra solución para escapar de una sociedad mediatizada que desconectar la electricidad? No. No la hay. Así que hemos de aceptar que vivimos en ella. Que el futuro será más y más mediático. Que las pantallas nos rodean ya. Y que debemos saber utilizarlas como un medio a nuestro servicio: sin dejarnos atrapar por su componente lúdica y trivial.

Este es el peligro que muestra Black Mirror, el que acabemos derivando en una sociedad que ha perdido el objetivo de buscar un mundo mejor y más justo por el de acomodarse en uno – supuestamente – más feliz y tranquilo.

JOSE A SANTOS – ARTE Y CULTURA

Jeanne Dielman se aburre en Bruselas

En el silencio de una sala de cine, una pareja observa la pantalla. Parece que empieza la escena culminante de la película. La que Carlos Boyero comentaba en su crítica semanal. La del cartel. La del trailer que corre desde hace meses por internet. Es la primera vez que van al cine juntos y él no puede evitarlo: se traga sin apenas masticar 5 palomitas, se chupa la sal de los labios y acerca su boca a la oreja izquierda de ella:

- Ahora… es cuando ella pela patatas.

PAUSE ll

Admitámoslo: no parece una escena terriblemente apasionante. Pero existe. La filmó en 1976 Chantal Akerman para Jeanne Dielman, 23 Quai du Commerce, 1080 Bruxelles. Una película que jugaba con el tiempo y el espacio cinematográfico imitando el tiempo real – ese en el que vive el espectador cuando no es espectador sino persona: el tiempo anodino y tedioso de quienes formamos parte de lo cotidiano.

Ir al cine – o ver una película – nos abstrae de nuestro lugar y nuestro tiempo. En el cine hay flashforwardsflashbacks con los que vamos adelante o atrás en la historia. Y también hay elipsis: esos saltos espacio-temporales que se producen dentro de una secuencia sin que se pierda el hilo de la misma. Nada de esto tenemos en nuestro día a día. No hay montaje cuando suena el despertador por las mañanas que nos lleve al momento de la jornada que desearíamos. Así que, entre otras cosas, el poder experimentarlo en una pantalla nos hace sentir como un Dios que puede moverse por donde y cuando sea.

Un ejemplo de ese soy Dios gracias a la elipsis cinematográfica lo vemos en 2001: Una odisea del Espacio de Stanley Kubrick, cuando en un simple cambio de plano pasamos de los albores de la humanidad a la conquista del espacio.

El brazo de nuestro abuelo-mono vale lo que una lanzadera espacial

También otro maestro del séptimo arte, David Lean, creaba en Lawrence of Arabia una elipsis muy conocida: de una cerilla que se apaga… al amanecer en el desierto de Arabia con la música de Maurice Jarre. En este caso, se condensa mucho menos tiempo que en 2001 entre plano y plano, pero es una elipsis con más clase y elegancia británica – por algo la Pérfida Albión nombró Sir al director.

un pequeño soplo para Lawrence pero una gran secuencia para el cine

Son sólo dos ejemplos de cómo el cine clásico ha escapado de la trampa del tiempo gracias a la elipsis: obviando mostrar lo supuestamente innecesario para explicar una historia.
No es lo que hace Akerman en Jeanne Dielman, 23 Quai du Commerce, 1080 Bruxelles mostrando lo suplerfuo de la existencia. Tampoco Christian Marclay en The Clock cuando reproduce en la pantalla 24 horas durante 24 horas sampleando películas y los relojes que aparecen en ellas. Ni David Lynch en Lost Highway cuando nos cuela una película entera – con su trama y sus personajes – aprovechando la elipsis de la ejecución en prisión del protagonista de la misma película. Sin embargo, también han sabido jugar  de manera novedosa con este salto cinematográfico en el tiempo y el espacio.

Pero volvamos a la sala de proyección. Nos habíamos quedado con el chico susurrándole a la chica que Jeanne Dielman se disponía a pelar patatas durante 5 minutos. Entonces…

PLAY >

…contento por compartir la información, el chico se hunde en su butaca. Pesca 4 palomitas más del cubo ‘King Size’ y se las lanza directamente al esófago. Sonríe. No pasa un minuto y nota como el aire que rodea su oreja derecha se hace más y más espeso. Son las palabras que surgen sigilosas de los labios de ella y que le eriza el vello de la nuca:

- Me molestas con las palomitas – dice la chica – y no me gusta que me expliquen lo que va a pasar cuando voy al cine.

STOP []

Lamentablemente, elipsis molonas y musicales sólo hay en el cine. Así que el tiempo que pasará hasta que ella quiera repetir cita se le va a hacer muy largo al muchacho. Mucho.

JOSE A SANTOS – ART I CULTURA

què va ser primer… la intel·ligència o els ulls verds?

Tres coses que tothom sap: a Hollywood no hi ha idees noves; refer un clàssic per a les noves generacions és més fàcil que escanyar-se les neurones i escriure un guió totalment original; i és molt probable que d’un èxit de taquilla fem sortir una franquícia de segones i terceres parts que també facin bona caixa. Això passa des de fa una pila d’anys: l’estrena el 1968 de ‘Planet of the apes’ va significar el reflotament de la seva productora, la Fox, en crisi des de que la televisió va desplaçar al cinema com l’entreteniment favorit dels nord-americans. Va ser un èxit rotund que va generar  en pocs anys quatre pel·lícules més; una sèrie de dibuixos animats i un munt de telefilms… Fins que “la gallina de les segones parts” va deixar de posar ous.

Aleshores va arribar el torn a “la versió per a les noves generacions”… Fa 10 anys, la Twentieth Century Fox va deixar que l’enfant terrible del mainstream cinematogràfic Tim Burton jugues amb una nova versió de ‘The planet of the apes’. El resultat: un fracàs de crítica, un èxit de taquilla, la ruptura del director amb la seva parella d’aleshores, Lisa Marie, i l’inici de l’idil·li sentimental més freak del món del cinema: el de Tim Burton i l’Helena Bonham Carter. Gens malament  si pensem que és, de lluny, el pitjor film d’aquest cineasta.

Fidel als tres principis. Ara Hollywood demostra que, efectivament, no hi ha idees noves i estrena ‘Rise of the planet of the apes’ que no és ni una segona part, ni una nova versió del clàssic de Franklin J. Schaffner, però tampoc una pel·lícula original. Aquest origen del planeta dels simis és l’equivalent a la quarta pel·lícula de la saga original, ‘Conquest of the planet of the apes’, que explicava com els nostres cosins els simis, fins aleshores mascotes dels éssers humans, es rebel·laven contra nosaltres.

Primer dir que no és una mala pel·lícula: és entretinguda (potser una mica llarga) i intenta – bastant bé – mantenir un to semblant a l’aconseguit amb les darreres re-vitalitzacions de sages cinematogràfiques com ‘Batman’ o ‘Star Trek’. Això és: adaptar un argument ja vist i a la vegada crear un nou començament que permeti rodar més endavant segones i terceres parts. Això sí: sense trair l’obra primera, la clàssica. A ‘Rise of the planet of the apes’ hi ha picades d’ullet a l’espectador que recordi les aventures de l’astronauta Charlon Heston perdut en aquell planeta de micos intel·ligents: com la notícia que surt a la televisió d’un viatge tripulat a Mart (el dels protagonistes de la primera pel·lícula?), o la repetició de frases i situacions de l’original de  1968. I perfectament encaixen una pel·lícula amb l’altra.

Però també hi ha la voluntat d’iniciar una nova saga de films on anirem descobrint com el nostre estimat planeta Terra es transformarà en l’estimat planeta Terra dels simis. Un món on nosaltres farem de conillets d’índia o mascotes d’orangutans, ximpanzés i goril·les.*

els èssers humans ens comportem millor quan hi ha un embós a les rondes

Una distopia sobre la identitat

Quan la pau, la justícia o la llibertat són idees molt llunyanes d’una imaginària societat futura diem que es tracta d’una distopia (el contrari d’una utopia). El cinema de ciencia ficció va ple. De ‘Soylent Green’, Brazil o Logan’s run a 1984, Fahrenheit 451 o tota la saga de ‘Planet of the apes’. Molts films son adaptacions literàries. És el cas d’aquest darrer exemple.

Al novelista Pierre Boulle se’l coneix per dos llibres: ‘El pont del riu Kwai’ i ‘El planeta dels simis’ (i també per ser el guanyador d’un Òscar amb el discurs d’agraïment més breu: “merci”). Segur que quan va escriure aquest darrer llibre no imaginava la quantitat de versions, revisions, adaptacions i modificacions que patiria. La seva, era la història d’un planeta on els simis havien desenvolupat la seva intel·ligència fins a crear societats avançades, mentre que l’home vivia encara a la prehistòria.

Des de la primera versió cinematogràfica, s’ha fet coincidir aquest planeta de simis intel·ligents amb el nostre. En part, es va trair l’original literari que situava l’acció lluny de la Terra. D’aquesta manera, resulta que a les pel·lícules, nosaltres els humans som els culpables d’aquesta aberració: per exemple a ‘Planet of the apes’. Segons el primer filmde la saga, ens vam matar els uns als altres en una guerra atòmica un fet que va transformar l’espècie humana en esclaus dels micos.

Ara, a ‘Rise of the planet of the apes’, nosaltres tornem a ser els culpables de la nostra distopia futura: per haver volgut controlar la vida i la mort més enllà de la natura. Ho veiem durant la primera hora del film, quan James Franco ha de cuidar del petit ximpanzé Cèsar, i que es podria resumir com un ‘Frankenstein meets Gremlins’). Segons la pel·lícula, l’experimentació amb simis per trobar una cura per l’alzheimer fa que aquests desenvolupin la seva capacitat cognitiva fins arribar a tenir consciència pròpia (es pregunten qui són? el perquè de les coses? i què pinta l’home en tot això?).
Per nosalres, el fet de veure’ns superats físicament i mental per un simi ens fa plantejar dubtes també sobre la nostra pròpia identitat i les nostres relacions socials. Si l’altre ja no és un èsser humà. I si no em puc identificar amb ell… Qui sóc jo?
Ja ho deia Charlon Heston quan treballava a la primera pel·lícula de la saga; que allò que estaven fent era un film d’entreteniment però amb missatge.

Per cert, com sabem si un simi s’ha tornat intel·ligent? Segons els guionistes d’aquesta darrera pel·lícula, perquè els seus ulls s’hauran tornat verds! Al final, segons aquesta distopia, l’èsser humà serà l’esclau d’uns simis que viuran sota els dictàmens de la bellesa racial que dirà que els ulls clars són sinònim de triomf. Potser ‘Rise of the planet of the apes’ és també una distopia pels ximpanzés que viuen ara “feliços” al zoo…

 *Si això passa. Si es fan més pel·lícules de simis revolucionaris, si us plau… que no es contracti a cap guionista de la saga Terminator.

Informació i curiositats sobre la saga de “Planet of the apes”:
Planeta Simios
Fotografies de:
Rise of the planet of the apes (web oficial)