Obama in da house

02/10/2013

JOSE A SANTOS – ARTE Y CULTURA

obama obey kolhospAquí Barak Obama, un meme

Yo estaba allí cuando en la galería de arte entró un tipo trajeado con El País bajo el brazo. Cruzó la sala hasta el pequeño mostrador y agarró el cuaderno con los precios de las obras expuestas. Como si fuese un ave de presa, con la mirada devoró centenares de euros – una litografiíta – algunos miles de euros – una obra menos seriada – y muchos miles de euros – alguna obra única. Solo fue un vistazo. Fueron segundos. Lo ví: dejó los folios sobre el mostrador. Se apretó el diario bajo el sobaco. Y salió pitando de la sala. “Si esto es un comprador de arte en Barcelona…”, pensé. Pero no supe sacar ninguna conclusión.

Era la inauguración de la Galería 3punts que abre temporada con Shepard Farey. Más conocido como Obey, este diseñador gráfico con pinta de eterno aspirante de High School Musical, se hizo primero popular como artista callejero con sus pegatinas para skaters de André The Giant para mutar en famoso con su improvisado cartel pop para la campaña de las primeras presidenciales de Obama.

Recapitulando: de la escuela de diseño al street art, a la propaganda política y al museo. Aunque en este último eslabón, perdón, es mejor decir a una galería de arte de Barcelona que, con mucho esfuerzo, ha reunido buena parte de la producción del norteamericano – incluido el cartel del presidente de los EEUU con su PROGRESS. ”Esto es un artista reconocido actual…”, pensé. Pero no me atreví a valorarlo.

el pop art de obey kolhospMolonas idealizaciones políticas pop

Recomiendo pasearse por dicha galería estos días. Mr.Obey tiene su gracia y es justo que se le reconozca. Como los mejores artistas soviéticos es capaz de presentarte la mejor de las obras comprometidas con las causas del pueblo junto la menos sutil de las piezas propagandísticas. Le gusta el partido demócrata y no lo oculta. Piensa en Haiti y lo muestra. Y luego representa lo que le gusta: el cine, la música. Todo pop. Muy pop. Puro pop. “Al fin y al cabo ha sido capaz de convertir a Obama en una idea, un meme viral…” reflexioné entonces. Pero el miedo me impidió seguir por ese camino.

Obama está en casa.

ISMA MONFORT – CRÒNICA URBANA

Caseta a l'exposició 'Low Cost' del FADCaseta de fusta de l’exposició ‘Low Cost’, a l’Antic Convent dels Àngels

A Barcelona, en ple estiu de 2009, vaig trobar refugi de la calor entrant a una exposició gratuïta a l’Antic Convent dels Àngels (a tocar del MACBA i el CCCB). Dins no hi havia ningú, tampoc massa informació. Només mitja dotzena de casetes de fusta que convidaven al visitant a entrar al món de cadascun dels artistes que les havien dissenyat per dins. Hi havia una mica de tot, en una fins i tot podies participar en un sorteig a celebrar l’últim dia de l’exposició.

Una de les casetes de fusta em va entretenir més que la resta. Estava decorada amb petits objectes de tota mena que semblaven extrets de joguines comprades a botigues de tot a cent. També hi havia pintures sobre fusta de la mida d’una postal amb representacions de cases i habitatges, fetes per un artista sense sostre que vivia als carrers de Barcelona (crec). Però sobretot hi havia un petit espai on poder ‘seure’ i veure un ‘loop’ amb vídeos tallats i editats obtinguts de ves a saber on. Me’l vaig empassar sencer i encara hi vaig tornar un altre dia a repetir l’experiència. El responsable del vídeo era Félix Pérez-Hita, un realitzador audiovisual responsable de programes de televisió que molt probablement ben poca gent ha vist. Encuriosit vaig enviar-li alguns correus electrònics per saber si tenia més material a YouTube o algun lloc similar. Em va marcar descobrir el concepte de ‘Desire Path‘, referent als camins que les persones fem en creuar parcs i jardins per on no estava previst, per tal d’estalviar-nos els metres extra que suposaria anar pel camí que l’arquitecte va dissenyar. El fet que existeixin prova que l’arquitecte va fer malament la seva feina. Ara, quan en veig, sovint els camino.

Hilomental de Félix Pérz-Hita a l'Antic Teatre‘Hilomental’ de Félix Pérz-Hita a l’Antic Teatre

Però no ens desviem del tema, i és que Félix Pérez-Hita torna a l’escena barcelonina amb les sessions ‘Hilomental‘ a l’Antic Teatre del centre de Barcelona. Aquestes no són més que successions de vídeos un rere l’altre, en torn a una temàtica. El tema d’aquest dilluns: ‘el ritual’. En Félix i un col·laborador convidat per a l’ocasió, posen vídeos de la seva col·lecció particular a una pantalla gegant en una espècie d’encadenament que no sabem fins a quin punt està improvisat. Representa que un vídeo porta a l’altre. Vam començar amb un ritual d’una tribu africana en que les noies es maquillaven per tal d’atreure possibles parelles, per passar a l’estrany i sobre-actuat tancament de la frontera entre el Pakistan i l’Índia. I així. Durant la sessió també conviden a la gent del públic a aportar les seves propostes per tal de fer més rica l’experiència.

Val els sis euros que costa l’entrada, l’estona que passem a base de vídeos que segurament trobarem de franc al YouTube? Doncs depèn. A la societat de la informació, en la que tenim abundància plena de materials de tot tipus gràcies a la xarxa de xarxes, potser el valor no es troba en la quantitat o la disponibilitat, sinó en la selecció. Obriu el YouTube, què mireu? Què poseu al buscador? En aquest servei per a emmagatzemar i veure vídeos s’hi puja cada segon l’equivalent a més d’una hora de vídeo. Impossible assimilar tot el que hi ha. I no és l’únic servei que hi ha d’aquest tipus. Fent una especulació a base de pensaments precipitats en sortir de l’Antic Teatre, potser aquest és el món que ens espera. Potser ja no pagarem més per als continguts, distribuïts cada vegada amb més facilitat gratuïtament a la xarxa. Potser en un futur no tant llunyà el negoci estarà en fer pagar per una bona selecció d’aquest contingut.

JOSE A SANTOS – ARTE Y CULTURA

caramelos war kolhospEn Arts Santa Mònica: dulces de BTC, la empresa de armas de Alfred Nobel

Jamaa el Fna es a Marrakech lo que Las Ramblas son a Barcelona. Hace unos años, pasé una mañana buscando dónde comprar un curioso souvenir: dos pequeñitas locomotoras de plástico made in China que transportaban cada una a unos grotescos Osama Bin Laden y George Bush Jr. Sé que existía el juguetito. Lo había visto días atrás en algunas de las paradas de los vendedores ambulantes de la plaza. Éstos le daban cuerda al tren del terrorista, luego al del otro terrorista, y los dos rodaban encarrilados y en círculo persiguiéndose mutuamente. Era una tontería que pensé en comprar unas horas antes de subir al avión y desprenderme así de los últimos dirhams que me estaban pesando en los bolsillos.

No lo pude encontrar esa mañana. Volví a casa sin los trenecitos. Unos meses más tarde una bomba en la terraza de un café de la misma plaza se llevó por delante a 14 personas. Así que,  si hoy tuviese el juguete en mi manos también podría abrir una exposición como la que se puede visitar estos días en el Arts Santa Mònica. El trenecito estaría junto a un pitufo cámara que me compré en el aeropuerto de Eleftherios Venizelos (¿o fue en Fiumicino?), una lata de Coca-Cola en árabe y algún que otro pongo del que no sé porqué no he sabido desprenderme.

El Archivo del corresponsal de guerra es eso: una colección de banalidades expuestas y ascendidas al Olimpo de las obras de arte por medio de la iluminación fetiche de su amo y señor, el periodista de La Vanguardia Plàcid Garcia-Planas. Éste las ha ido recopilando en sus sucesivos viajes como reportero internacional y corresponsal en la primera guerra del Golfo, en la antigua Yugoslavia o en Libia – unas veces comprando el objeto, otras encontrándoselo en el camino.

expo arts santa monica corresponsal guerra kolhospLa mochila del corresponsal de guerra Plàcid Garcia-Planas da para esto

El Duchamperiodismo de la colección Plàcid Garcia-Planas no da para mucho. Ni sorprende, ni emociona, ni sirve para que una clase de primaria pueda hacer una redacción sobre la condición humana. Quizás por eso la muestra empieza con unos cuantos recuerdos de los viajes del padre del coleccionista. Unos objetos que parecen un añadido de última hora y que tanto sirven como para justificar aquello de que para ser un animal periodista se ha de llevar en los genes – y parece que también heredarse – como para reivindicar la figura del representante catalán – aquel empresario almogàver que navegaba durante el franquismo como aventurero abriendo nuevos mercados más allá del Ebro y de l’Alguer.

Sigue el recorrido por objetos que, según el tríptico de la exposición que se ha editado como un diario, son “reportajes sin palabras y una visión del oficio de corresponsal de guerra y de la geopolítica que ha condicionado nuestro presente”. Pues deben representar lo peor de dicho oficio. Porque lejos de transmitir cómo vivieron las gentes que sufrieron el conflicto, lo que a mi me ha llegado es la triste sensación del trofeo de guerra; ese que vemos en las películas que guardan los excombatientes estadounidenses en el último cajón de la cómoda de su casa unifamiliar en Wichita: la Luger de un cadáver de Las Ardenas, los pequeños anteojos manchados de barro de Guadalcanal.

recuerdo guerra golfo kolhospLos bigotes están de moda. Véalo en la Colección Plàcid Garcia-Planas

Como decía Enrique Meneses, el oficio de periodista es “ir, ver, oír, volver y contar”. Si. Pero esta exposición no cuenta lo que el periodista vio: para mi que estos objetos no son reportajes. Por mucho que el visitante los pueda tocar -profilácticamente, a través de un plástico, eso sí– lo que hay en este archivo no son más que trofeos: ¿¡metralla comprada en Ebay, enviada por correo en un sobre que NO se ha abierto pero SI se ha radiografiado para comprobar que hay metal en su interior!? ¡¡WTF!! Plàcid Garcia-Planas, ¿Qué te pasa? ¿Hay algo que no nos quieres contar?

Como los cutres pongos no dan para mucha reflexión, al final se muestran las armas del periodista (una radio, un telex, unas libretas ENRI) y unas supuestas intervenciones artísticas sobre algunos de los objetos de la colección (diamantes – falsos – incrustados en balas de gran calibre reventadas, un collage de billetes, un mapa pintarrajeado).

proyectiles brillantes arte kolhospProfundo. Muy profundo. Balas y brillantes. Mucho

Salgo feliz y cabreado de la exposición. Lo primero por no haber encontrado y comprado aquel trofeo/tren de Marrakech. Lo segundo por reencontrarme con lo peor de esta profesión de periodista – resumido perfectamente en lo escrito en una paredes de la exposición:

“Truquen al mòbil. És una amiga de Madrid.
- Hola. Una pregunta. Ets a Facebook?
- No. Sóc a Kandahar.
- Kandaquè?
- Res. Una xarxa social de talibans.”

¿Se supone que me tengo que reír? Qué tontos y superficiales son los amigos de Madrid. Qué chispa en la respuesta y cómo sabe conservar el sentido del humor viviendo el infierno afgano. ¡Ácida crítica a la banalidad occidental! ¡Denúncia sociopolítica! ¡Qué humilde y respetuosa actitud! En fin… que en casa leeré a Meneses.

ISMA MONFORT – CRÒNICA URBANA

World Press Photo al CCCB - Isma Monfort - Kolhosp

Dos més dos acostumen a ser quatre, i si li afegim un punt d’escepticisme i prejudicis a la suma, les conclusions poden arribar a ser més clares del que possiblement son. Però ningú ens assegura haver-ho encertat. Poc abans de les nou del vespre del primer diumenge en que l’exposició ‘World Press Photo‘ del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona estava oberta al públic, els seus organitzadors van publicar un ‘twitt’ carregat d’optimisme (el primer ‘dos’ de la suma). Al dia següent però, a un conegut blog sobre mitjans de comunicació i periodisme, un titular aportava una dada que a mi em semblava suficientment reveladora com per dubtar del l’optimisme de la primera part de l’equació:

El twitt: ‘En tan solo 3 días, más de 4.500 personas ya han visitado la exposición #WorldPressPhoto 12 en el #CCCB. EL #FOTOPERIODISMO INTERESA.’

…i el titular: ‘Los jóvenes dejarían de leer su periódico preferido si le hiciera pagar en internet’

Doncs si ja no estem disposats a pagar pel periodisme (que se suposa que és el que fan els diaris) s’entén que tampoc estem disposats a pagar pel fotoperiodisme, encara que aquest sigui considerat el millor del món. Així, si segons l’estudi del que es desprèn ‘el titular’ un 76 per cent dels joves canviarien de pàgina web si aquesta els fes pagar, s’entén que un alt percentatge de les 4.500 persones que van visitar l’exposició del CCCB els primers tres dies ho van haver de fer el diumenge a la tarda aprofitant que l’entrada és gratis. Estava clar, jo ho tenia clar, claríssim. I després d’una breu consulta amb l’entitat organitzadora resulta que les dades reals no van anar tant desencaminades, però només no tant. Per sorpresa meva les dades d’assistència de diumenge ni tan sols duplicaven les de dissabte. Tota una decepció per a la meva capacitat intuïtiva, però alhora tota una alegria al descobrir que molta més gent de la que m’esperava ja li semblava bé pagar els cinc euros de l’entrada per gaudir com cal dels millors treballs de periodisme fotogràfic de l’any anterior. I jo que pensava que no hi havia esperança. Una alegria a la que cal d’afegir saber que l’exposició sobreviu gràcies precisament a aquestes entrades i que té l’honor de ser l’esdeveniment més visitat del CCCB després del festival Sónar.

World Press Photo al CCCB - Isma Monfort - Kolhosp

Per si fos poc, a més a més, aquest any el premi principal del certamen (té format de concurs) va ser atorgat a un fotògraf de casa que s’ha sabut guanyar la confiança del prestigiós diari ‘The New York Times’. Samuel Aranda, nascut al 1979 a Santa Coloma de Gramanet i que ha treballat també per a ‘El País’, ‘El Periódico de Catalunya’ i l’agència ‘EFE’, va recórrer al 2011 i en plena ‘Primavera Àrab’ Tunísia, Egipte, Líbia i el Iemen. De fet és precisament en aquest últim on fa la foto que l’ha fet guanyar el primer premi. Però a la xerrada que el mateix fotògraf va protagonitzar a la sala d’actes de la botiga FNAC del centre de Barcelona, no tot van ser alegries. Frases com ‘todo se hace con menos medios’ o ‘hay que ir muy ràpido’ no es van fer esperar. Ell ha tingut sort (o se l’ha sabut buscar) i dona un clar consell: ‘hay que hablar inglés y salir fuera’. Segons ell, mentre mitjans com el ‘The New York Times’ van augmentar el pressupost en fotografia en temps de crisi en un intent de guanyar-se els lectors a base de qualitat, els mitjans d’aquí sembla que només saben solucionar els problemes de comptabilitat mitjançant acomiadaments. Raó sembla que no li falta. I si no, com pot ser que tantes vegades acabem veient exactament la mateixa fotografia a la portada de diaris diferents? Les agències tenen un paper essencial dins la indústria/professió, però probablement és gràcies als reportatges propis que un mitjà es pot lluir i diferenciar-se de la resta. L’anomenada ‘crisi del periodisme’ de ben segur que és una de les més complicades d’endevinar-ne el camí de sortida, però m’atreveixo a dir que difícilment fer informació de menor qualitat i més uniformada serà la solució.

….l’exposició?? Doncs bé, molt bé. Inspiradora, com cada any. De fet fins avui ja l’han visitada més més de 12.000 persones. Què esperàveu?

Actualització (07-01-2013): L’entitat organitzadora del ‘World Press Photo’ a Barcelona ha anunciat al seu compte de Twitter que 32.091 persones han passat per l’edició de 2012.

JOSE A SANTOS – ARTE Y CULTURA

Las cosas de Daniel Johnston: de la cabeza a la libreta… y al museo

El soporte. La hoja de papel en blanco. La libreta. Un lienzo limpio. Una piedra lisa y pulida. Una piedra bruta y natural. El cursor parpadeante en el inicio de un Abrir un nuevo documento de Word. El soporte, en fin…

Visité hace un par de meses una exposición en Barcelona que recogía una muestra de la obra gráfica de Daniel Johnston. Buena parte de la colección que se podía ver no era más que garabatos y muñecotes y anotaciones a bolígrafo en hojas arrancadas de viejas libretas. Cuadernillos de los años 80 y 90 del siglo pasado en los que el músico norteamericano vomitaba los fantasmas y demonios que salian de su cabeza demente. Un código personal de ranas, cruces, boxeadores y seres lovecrafianos. Fascinante.

No le quitaré ningún mérito a Johnston y lo que hace. Musicalmente es muy apreciable. Su persona me despierta cierta simpatía y ternura; y lo que dibuja es puede ser destacable. Pero creo que no me equivoco si digo que el interés en la obra pictórica del tejano se limita al análisis psíquico y psiquiátrico; y que su posible influencia en el ámbito cultural no va más allá de la simpática camiseta de Kurt Cobain – ahora también disponible en grandes almacenes – para los hipsters de chapa y pintura.

Lo que verdaderamente me llamó la atención era dónde había dejado escapar su creatividad Johnston: sobre aquellas hojas agujereadas, con sus línias caligráficas, sus dobles y sus manchurrones. Algo que me hizo viajar 20 años atrás.

En 1992 empecé el instituto: la edad – mi edad de entonces – la música, los amigos y buena parte de lo que respiraba me resultaba, cuanto menos, nuevo:

K escribió en una libreta más bregada que las de Johnston un breve cuento – entonces brutalmente único – que acababa con la sentencia chúpame la polla y que para mi era lo más; mientras que ilustraba las esquinas de cualquier cuaderno con los rostros y cuerpos de una hipotética aventura Kirbyniana. Como K y J, también estaban O o M… Era la creatividad hormonal, libre y adolescente.

Daniel Johnston ha pasado ya de los cincuenta. De tomarse en serio a sí mismo hoy pintaria sus demonios en grandes lienzos con unos rojos muy acrílicos; o firmaria litografías limitadas para coleccionistas de Suiza. Sin embargo los rotuladores y boligrafos – cuando no la música compuesta con teclado o guitarra – son sus medios de expresión. Muchos de nosotros dejamos la creatividad al cruzar el milenio. Johnston no. Pero Johnston está loco. Y es un artista.

JOSE A SANTOS – ARTE Y CULTURA

Este ‘drip’ sobra, esto no es un Pollock: es una mierda.

Un día Teri Horton, una ancianita de 73 años de California, conductora de camiones jubilada, compró por 5 dólares un cuadro abstracto, lleno de manchurrones de mil colores para regalárselo a una amiga y sacarla de su depresión. Pero la amiga por poco no le dijo que se metiera el lienzo donde le cupiese, que era demasiado grande, que le mareaba tanto color y que para nada le ayudaba a levantarle el ánimo. Así que Horton sacó su regalo rechazado al jardín de casa para venderlo junto a unas viejas lámparas, algún sofá gastado y otros cachivache que tenía por casa – y quizás así recuperaría los 5 dólares invertidos.

Entonces un vecino, profesor de arte de alguna escuela local, que pasaba por allí le dijo que el cuadro parecía haber sido realizado con la técnica del action painting, la misma que usaba Jackson Pollock para sus grandes obras. Es más: si se paraba a mirar detenidamente el cuadro parecía haber sido pintado ¡por el mismísimo Pollock!

Horton frunció el ceño; le había dejado hablar un buen rato: soltar su clase improvisada de arte moderno norteamericano: que si drip painting por aquíexpresionismo abstracto por allá, que si Pollock esto y Pollock lo otro

- Vale, vale, vale… Pero, ¿quién coño es Jackson Pollock? - le interrumpió la vieja.

La anécdota – real – es el inicio de un fascinante viaje: el de una ciudadana septuagenaria navegando a contracorriente en  el caudaloso y acaudalado río del mercado del arte.

En cuanto Teri Horton supo quién era el pintor Jackson Pollock – que había vivido no lejos de su casa y, sobre todo, el precio a que se cotizaban sus obras – decidió que lo que tenía en su jardín y había comprado por 5 dólares valía por lo menos 50 millones. Como la obra estaba sin firmar acudió a quienes podían confirmarle la autoría de su cuadro (y se entiende que lo que Horton quería es que le confirmaran que era Jackson Pollock como ella creía y que el cuadro valía decenas de millones de dólares). Se encontraron medias huellas de Pollock en la parte trasera de la tela, se supo que era el tipo y marca de pintura acrílica que utilizaba Pollock, incluso parece que el cuadro de Horton es la parte descartada de un lienzo sí autentificado.

Y sin embargo, no bastaba para ser un Pollock.

La abuela al menos protagonizó su propia película

Esto no son matemáticas. La evidencia científica no basta. Y vale más lo que diga un experto en arte que el departamento de CSI de Las Vegas con Grissom a la cabeza. En este caso, los expertos en arte consultados fueron gente como Thomas Hoving o Nicolas Carone. Así se puede ver en el documental Who the fuck is Jackson Pollock!?

La escena en la que el primero concluye que no es un Pollock si no mierda puede helar la sangre al espectador poco preparado:

Hoving, director del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, entra con los ojos cerrados a la sala en la que se encuentra la tela de la señora Horton. Se sienta, coge aire y observa y toca y anda y anota y gira la cabeza y se coloca las gafas para concluir: “es pulcro, elegante y compacto: lo cuál no es bueno. Es bonito, es superficial y frívolo y no creo que sea un Jackson Pollock”.

Para Hoving, que pertenecía al estabishment del arte, el supuesto cuadro de Pollock “no tiene ningún interés” y “no contribuye en nada a la civilización artística”. O lo que es lo mismo: poco importa que su autor sea o no Jackson Pollock. Si la propietaria es una camionera californiana, el cuadro es una mierda. Si lo vende, le pagaran una mierda. Pero si llegase a nuestras manos la pintura, entonces… ah, entonces ya veríamos.

¿Cómo acabó la historia? Por lo visto, la abuela Horton tuvo su momento de gloria televisiva que la llevó de plató en plató de los Estados Unidos explicando su historia con el cuadro: a la gente le gustaba oír que tenía un Pollock por 5 dólares y que rechazaba ofertas de compra de jeques árabes de hasta 9 millones porque su Pollock valía por lo menos 50.

Sé que su familia admiraba el tesón de esta jubilada por no dejarse pisotear en el mundillo del arte. Pero sospecho que, en el fondo, debían calcular cómo repartirse una herencia de hasta 9 millones de dólares.

Nota: quiero pedir disculpas porque este Post llega con unas horas de retraso. Mea culpa. Pero uno no se hace padre todos los días y cambiar los primeros pañales es mucho más complicado agradecido de lo que se espera. Pero bueno, que ¡lo dicho!