JOSE A SANTOS – ARTE Y CULTURA

byrne and st vincent kolhospLa señora St Vincent y el señor David Byrne en portada y firma

Mareo. Cuando me fijo en el precio de la entrada que tengo en mis manos. 76 euros. Más 1,40 euros por los gastos de gestión. Total: 77,40 euros. Impuestos indirectos incluidos. Cálculo rápido: el minuto de concierto ha costado más de sesenta céntimos. El total de las dos horas de David Byrne y St. Vincent en el Auditori de Barcelona.

Cierto que era la entrada más cara. Y que el gracioso destino ha hecho que no tubiese que pagar nada. Pero esa es otra historia. Lo importante ahora es la sangría económica que puede suponer consumir cultura hoy.

El 21% de IVA – ya se sabe. Pero hay que añadir más porcentajes: para sociedades de autores; para el promotor; el alquiler del recinto; producción técnica… Y por último lo que se queda el artista. Muchas bocas que dar de comer que no justifican el precio. Porque no es cuestión de discutir si se ha de ‘garantizar el acceso a la cultura‘ o de ‘fomentar y proteger a la creación‘; se trata de ser razonable entre loque se ofrece, lo que cuesta, lo que se valora y lo que se necesita. Al fin y al cabo el consumo de la cultura – o del arte – es una opción personal y, si nos parece caro o malo podemos decidir no participar en su propuesta.

Sin embargo, ¿qué sucede si apreciamos y valoramos al artista – a David Byrne, por ejemplo – y no podemos o no queremos aportar el precio de la entrada para disfrutar de su directo? ¿O pagar 20€ por su música en soporte físico? Estamos en nuestro derecho de no hacerlo; pero no estamos moralmente autorizados a compartir su música: compartir música está feo. Tanto que el hacerlo se mueve entre el reproche de la industria cultural y el castigo de la institución política.

Y lo peor es que compartir música dicen que va contra su creador: el músico. Bobadas: eso lo dice la industria discográfica, un mamut en plena era glaciar. Porque compartir es compartir y punto. Y el más interesado en que se haga es el mismo creador. Otra cosa es el pirateo: Piratear es vender lo que no es tuyo – o sacar tajada de lo que no es tuyo. Feo. Eso si. Aunque cada vez es más difícil saber qué es pirateo y qué es sano compadreo entre amantes de la cultura.

¿Cómo encaja aquí Spotify, iTunes y compañía? ajá: la nueva industria musical. Para seguir con los símiles zoológicos: un nuevo león en la sabana que pide paso. Desaparecerá el mamut, reinará el león: vamos a ninguna parte.

¿Y el concierto? Bien, gracias. Bien tirando a maravilloso. La crítica si acaso en otra ocasión. Pero fue algo parecido a esto – pero con St. Vincent de rubio platino.

JOSE A SANTOS – ARTE Y CULTURA

jubilee street kolhospEn Jubilee Street, romanticismo puro… y a buen precio

Soy yo o el último disco de Nick Cave & The Bad Seeds es así de bueno? O soy yo? Será eso. Pero reconocedme al menos que escuchar Jubilee Street y no darse cuenta de que el crujir del violín de Warren Ellis hace que nuestros pies se eleven del suelo unos centímetros es delito. I’m flying; I’m flyyying! Look at me now. Vale, quizás me estoy dejando llevar por la emoción.

Les vi en directo hace unos días. Primavera Sound. Un frío del cagarse. Música en vivo: nada que ver con enchufarse al Spotify. Por cierto, Pink Floyd van a pasar por el aro: en cuanto haya un millón de escuchas de Wish You Were Here – la única canción que se encuentra actualmente de los ingleses en este servidor de música en streaming – incorporarán su catálogo al completo. Creo que sólo deben quedar los Beatles y algunos pocos más por spotifarse.

La bajada de pantalones – podemos opinar si la notícia es buena o mala, pero no discutir que se trata claramente de una rendición (económica) – se hace bajo el título de Wish They Were Here? un juego facilón de palabras que desvirtúa aún más a la persona Syd Barrett, reducido a motivo musical desde hace 40 años.

portada_wishyouwerehere_kolhospola k ase? te quemas o k ase?

La historia es posible que la conozcáis. En los setenta Roger Waters y David Gilmour supieron construir una triunfal segunda parte del grupo que fundaría el primero con su amigo Syd Barrett. Pink Floyd había nacido en los sesenta, era el combo abanderado de la psicodelia británica. Tamaña responsabilidad requería que Barrett, su cantante y principal compositor, mantuviera una estrica dieta a base de ingentes cantidades de LSD. Y mucha droga durante mucho tiempo hizo que este joven de Cambridge emprendiera un viaje que no abandonaría hasta su muerte en 2006. Primero se le buscó un sustituto que no alucinara durante los directos y pudiese tocar decentemente la guitarra: David Gilmour. Después se decidió que tampoco estaba lo suficientemente sano como para componer alguna armonía. Y Syd Barrett fue invitado a abandonar el barco.

Años después, con un par de manos de pintura en forma de LP conceptuales, la nave Pink Floyd está lista para llenar estadios. Waters y Gilmour, junto con Nick Mason y Richard Wright, el resto de componentes de Pink Floyd, graban el disco Wish You Were Here cuyos temas centrales giran entorno la figura de Syd Barrett – si: una persona reducida a un concepto musical.

La primera canción del disco, Shine On You Crazy Diamondes tan larga que se decide cortar en dos partes. Su letra se refiere abiertamente a Barrett – el diamante loco que brilla – Gilmour canta: ¿Recuerdas cuando eras joven? Brillabas como el sol… Otro tema, el que da título al álbum, también habla del amigo perdido: Como deseo, desearía que estuvieses aquí, dice la letra. En fin. Todo son lamentos de que el amigo Syd se quedase en tierra, pero es que estaba muy loco.

Un tipo gordo – muy gordo – con la cabeza y las cejas rapadas, y asido a una bolsa de plástico de supermercado, se presentó a saludar al grupo cuando se encontraba en el estudio finalizando la grabación del disco. Al principio costó reconocerle. Era Syd Barrett. Dijo que tenía una nevera muy grande y que comía muchas costillas de cerdo. Escuchó la mezcla que había hecha de Shine On You Crazy Diamond. No le gustó mucho. Él no era más que un hombre. De haber un brillo en su persona debía haberse quedado en alguna otra parte. Barrett, desposeído de su parte conceptual, no era más que carne amorfa.

Se fue. No había compuesto nada en cinco años y no lo haría nunca más. En breve el brillo que vieron en él Waters y compañía estará disponible en un sólo clic. Enchufándose al Spotify. Pero será un resplandor frío. De un frío del cagarse.

NÚRIA PERAIRE – LA VIDA EN ‘KIWI’

la fotoLaneway Festival 2013, 28 de gener de 2013.

La Santa Providència ha volgut que l’anunci del cartell del Primavera Sound 2013 hagi coincidit amb la celebració del Laneway Festival a Auckland. Així el mono festivalero l’he pogut passar ràpid amb el kiwi-succedani.

Sort que ja fa uns mesos que vivim en una cultura no llatina i ja vaig entenent això d’anar a dormir d’hora, sinó encara tindria les mans al cap. El festival dura només un dia, que portar una vintena de grups fins a les antípodes ja és prou mèrit. Comença a les dotze del migdia i acaba a dos quarts d’onze de la nit. Tot ben calculat perquè puguis dormir prou per anar a treballar sense problemes l’endemà.  De fet, durant l’última hora del festival ja no pots ni beure cervesa perquè s’acaba. Dos anys seguits acabant-se. Així que ben dormit i sense ressaca.

Amb un look impecable i després d’haver menjat un brunch, marxem cap al recinte del festival, al costat del port de la ciutat, amb la incògnita de saber si el look de modernillos barceloní encaixarà entre els modernillos d’Auckland. I bé, no acaba d’encaixar pequè el kiwi-modernillo look és descafeïnat. Del tot comprensible en un país on la samarreta més econòmica val 100 dòlars i on no pots anar ni a Mangos ni a Zaras ni a H&M. Per sota dels 100 dòlars només et queden les tendes dels xinesos.

Indispensable portar el mòbil ben carregat de bateria, total per acabar sense cobertura, i elements per trobar-te amb els amics com una espasa làser de molts colors o uns globus o un anell amb llumetes. Ai…. Com es nota que no sou d’Auckland. Il·lusos barcelonins. Si encens una espasa làser al festival, no només ets localitzable des de tot el recinte, sinó que et poden veure des de tota l’illa nord de Nova Zelanda. Deixa’t estar de llumetes que entre sis mil persones repartides en unes deu hores i amb només tres escenaris el que costa és perdret! I sí! És el primer festival en el que no perds cobertura.

Si no hi ha gaire estil en el vestir és perquè aquí l’estil se’l guarden per la beguda. Hi ha cervesa, és clar. Però a quin altre festival bastants dels assistents es decideixen per una ampolla de cabernet sauvignon blanc del 2005? Doncs aquí.

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I a quin altre festival pots lluir sempre una pell brillant? Doncs aquí. Potser no cal portar una espasa làser, ni cal carregar del tot la bateria del mòbil. Però el que no pot faltar és protector solar. Amb una capa d’ozó ben fina i un sol que et crema fins que es pon, el protector solar és un indispensable juntament amb les ulleres de sol, la cartera i el mòbil. Una de les primeres lliçons que aprens quan comença l’estiu a Nova Zelanda: no et compris cap bossa on no hi càpiga el protector solar.

Un dels plaers d’un festival a les antípodes és que no pateixes per perdre’t cap actuació. Els dos escenaris principals estan un al costat de l’altre. Comparteixen paret. Quan una actuació acaba gires el cap 45 graus i ja pots veure la següent. El tercer escenari està una mica més allunyat. Però entengueu-me, no necessites tres hores per arribar-hi, quan hi arribes el grup que volies veure no ha acabat de tocar i cada vegada que et diuen d’anar cap allà no t’agafa més mal de peus.

Un plaer haver vist Kings of Convenience, Alt-J i Real Estate. Haver descobert al grup de Nova Zelanda The Phoenix Foundation o a Divine Fits. I el millor, haver acabat amb l’elegància de Nicolas Jaar.

No, no és com un Primavera Sound. Però hi han hagut bons amics ( i l’anyorança dels de sempre), moment divertits de riures descontrolats, bona musica i la il·lusió de saber que a l’altra punta del món també hi ha festa.

JOSE A SANTOS – ARTE Y CULTURA

La ‘chismosa’ ilustración de Marta Zafra para ‘Algú parla de mi’

Dice el filósofo esloveno Slavoj Žižek que los sujetos son literalmente agujeros, y que, lejos de ser la cúspide de la Creación, su mera existencia prueba que Dios era un idiota que arruinó su propio trabajo al dejarlo inacabado. En otras palabras, cuando nos planteamos describir al ser humano llenamos el vacío de lo que no conocemos – su vida psíquica interior – y lo completamos con su espejo – el rostro – para describir lo que entendemos como su personalidad. Pero desengañémonos: el resultado nunca será el sujeto.

Como ejemplo, hoy quiero hablar del sujeto protagonista de la primera novela de David Ventura, Algú parla de mi, una deslumbrante y divertida perla literaria sobre el tedio vital de nuestra época, con personajes tan lamentables, entrañables y odiables como somos los seres humanos.

El treintañero protagonista de este libro vive lejos de la Barcelona del Sónar y el Primavera Sound – y de los Manel y del Barça: él se mueve en barrios con tan poco glamour como el de El Clot y, cuando se pasea por joyas de la Ciudad/Marca como el barrio del Raval, se refugia en los garitos más anodinos para emborracharse con gintonics de GinGiró en vaso de tubo.

Consciente que es imposible describir la personalidad del sujeto principal sin traicionar la realidad, David Ventura se refugia en el narrador en primera persona para enumerar las aventuras cotidianas que le suceden al protagonista: un trabajo de mierda, tardes sin hacer nada, zapping, pajas, cafés y visitas familiares.

Porque, según entendemos por el relato, el tipo folla y no se enamora; se droga y no experimenta ningún paraíso artificial; y – siempre indiferente – sobrevuela los problemas de todo aquel que le rodea: compañeros de trabajo, amigos y familia incluida. Todo tan comúnmente costumbrista que, si comparásemos con la vida interior del protagonista de El extranjero de Albert Camus, ésta nos parecería un torbellino de pasiones.

Y sin embargo no es así: el aparente costumbrismo no está al servicio de la descripción de una realidad tediosa. La repetición de algunos momentos y pensamientos del protagonista de este relato se nos descubrirá totalmente necesaria en los momentos finales de la novela – resuelta maravillosamente y con emoción contenida – para que podamos llenar la oquedad del sujeto. Nada de lo que en realidad es importante nos es explicado porque, de así hacerlo, el texto perdería toda su veracidad: sabio recurso del novelista que, como el Dios de la Creación visto por Žižek, construye pero no completa.

Solamente durante las escasas descripciones oníricas se nos aparece lo que podríamos decir es la parte oculta del protagonista. Pequeñas pinceladas que el escritor aprovecha sabiamente para recordarnos que no debemos todavía juzgar y completar al sujeto – despreciablemente divertido por sus actos – y que debemos esperar al punto final para acabar nosotros la obra del Todopoderoso.

Salir del concierto

30/05/2012

JOSE A SANTOS – ARTE Y CULTURA

el concierto de Jon Spencer del PS2011 visto ‘a la manera’ de Fàbregas

El fotógrafo Francesc Fàbregas es una especie de cronista gráfico oficial de cualquier sarao musical que se tercie en Barcelona. Lo es desde los años 70: trabajando para revistas especializadas e incluso firmando la imagen de algunas portadas de discos.

Fàbregas fotografió las primeras actuaciones de los Stones en España; a Bob Marley; el ambiente que se vivía en los festivales Canet Rock; también a un Dylan más simpático y a un Sting con melena, entre muchos. Acceder a las bambalinas del escenario le permite captar instantáneas excepcionales; sin embargo, hay algo que a Fàbregas le fascina mucho más: fotografiar la enormidad de los conciertos de estadio, a la masa del respetable en pleno éxtasis marianomusical, una especie prácticamente extinguida que resucita tan solo con visitas como las de The Boss o de Bono y los suyos.

Actualmente, para no depender de los caprichos de las estrellas de estadio y tener que esperar a que se decidan a incluir o no Catalunya en su enésima gira, Fàbregas obtiene su ración anual de público al que inmortalizar gracias a los festivales musicales de verano. Hoy precisamente empieza uno: el Primavera Sound.

Chorrazo de luz= efecto ‘Encuentros en la tercera fase’. PS2011

Entiendo que Fàbregas encuentre más interesante inmortalizar al público de un concierto equis que a la estrella de turno que se pavonea sobre el escenario: en el mundo del arte moderno se llevan décadas discutiendo sobre la importancia del espacio de representación; sobre qué es o qué debería ser una exposición; pero también sobre qué es ser un espectador, qué ha de ser serlo, e incluso si existe o no. En el ámbito de la música pop: un concierto es mucho más que un concierto dependiendo de la reacción – y la acción – de la masa de asistentes.

Vivir una experiencia público en el escenario vital de el concierto puede ser muy gratificante e incluso placentero. Es más: por exceso puede llegar a ser orgiástico si se trata de el festival. Quizás ayude que te guste la música, pero no siempre es imprescindible.

Esto lo saben conscientemente o no las miles de personas que vivirán los próximos 4 días de Primavera Sound. Muchas llevan días haciendo cábalas sobre horarios y grupos. Preparando sus cuerpos y vestuario para tamaño acontecimiento. Cuidando hasta el más mínimo detalle que pueda ayudar a que sean tocadas por la experiencia público, queden iluminadas y pasen a formar parte de ella.

!El contexto, es el contexto! Wilco en el Palau de la Música

Sin embargo, que el resultado de la fórmula del perfecto concierto sea esta experiencia vital depende de factores subatómicos incontrolables por la mecánica clásica – lo que en el ámbito musical seria: me gusta tal grupo, han sacado su mejor disco en años y voy a verlo con tal persona. No funciona así. Son tantas y tan variadas las cosas que han de pasar – y cómo han de suceder – para salir de el concierto con la sonrisa tatuada, que intentar discutirlas aquí solo descubriría la utilidad a la tecla Scroll Lock del teclado. Simplifiquémoslo como: ha de darse el contexto adecuado para que vivamos la experiencia público.
Y tan felices.

Papa Sound Festival

17/08/2011

ISMA MONFORT – CRÒNICA URBANA
JMJ 2011 a Barcelona - Kolhosp.com

El Sant Pare és camí de Madrid per celebrar les “Jornades Mundials de la Joventut Catòlica” i milers de joves d’arreu del món hi fan cap per acompanyar-lo. Però el viatge pot ser llarg així que cal fer algunes parades per poder agafar forces.

Com no podia ser d’altre manera, una de les principals ciutats triades per acollir als nombrosos “peregrins” ha estat Barcelona, envaïda aquest cap de setmana per exèrcits de joves fidels d’arreu del món emocionats per viure l’experiència. Es podria arribar a dir, en un forçat resum, que la ciutat va concentrar en pocs dies una gran afluència de gent jove convocada per a seguir un important esdeveniment socio-cultural en el que esperaven sentir i veure d’aprop els seus ídols. Què? No us sona a res que hageu sentit abans? No? Doncs ja em perdonareu però des de el primer cop que en vaig sentir a parlar, em van venir al cap un munt de paral·lelismes amb els nombrosos festivals musicals que es celebren a la ciutat. Primavera Sound, Sónar, Cruïlla…. Si fins i tot s’hi van programar un parell de concerts!

JMJ 2011 a Barcelona - Kolhosp.com

La coincidència més evident però, és l’espai triat per als actes més multitudinaris. El Parc del Fòrum, un equipament que sembla fet a mida per a aquestes ocasions, es va tancar des de primera hora per poder acollir una missa a les deu del matí en què l’organització assegura que hi van assistir més de 35.000 persones (una quantitat molt similar al nombre d’assistents a qualsevol jornada del Primavera Sound). Eren tants que força estona després d’haver començat encara faltaven un munt de joves per entrar al recinte. En canvi, el Cardenal de Barcelona i els Bisbes esquivaven les aglomeracions per una entrada alternativa talment com els líders de les principals bandes musicals tenen els seus espais VIP al darrera dels escenaris. I no cal dir que arribats els moments clau, els assistents sabien de memòria la lletra de les pregàries de la mateixa manera com els fans canten als festivals les seves cançons preferides.

JMJ 2011 a Barcelona - Kolhosp.com

Al mateix espai, sobre les vuit del vespre, un parell de concerts amb grups de “Pop Cristià” van ajudar a esborrar les diferències gràcies a la música, les pantalles gegants instal·lades i les ganes de passar-ho bé dels assistents. Això sí, cap beguda alcohòlica disponible (ni tan sols cervesa sense alcohol), pràcticament ni un sol fumador a la vista i una absurda distància de seguretat d’uns 25 metres entre l’escenari i el públic. Ah! i cap a les 22h tothom fora i a descansar, que l’intens dia ha començat molt d’hora per a tothom.

Més fotos dels actes: Galeria JMJ(C) al Fòrum de Barcelona